No todos los días te tiras por un volcán y este lo tuvimos que subir antes con mucho lo que cuesta. A mitad de subida te va entrando la ansiedad y te dan ganas de tirarte ya mismo, pero hay que ser pacientes y saber sufrir para llegar a lo más alto y lanzarse desde allí.
Las fotos que ven a continuación son una serie que nos tiró Ale a Nano y a mí. Pueden ver que fácil no es y que incluso hubo algún lomazo. jeje (disculpen la mala calidad de las imágenes)
Pasar la noche en la Presa de Las Niñas es la mejor forma de atacar una ruta de estas. Un proyecto de exploracion basado en tracks hechos por gente desconocida en sitios abruptos donde no hay más avituayamiento que el que llevas en la mochila.
Aprovechando que unos amigos se iban de acampada para patear llamé a Cele para contarle mi idea y tras pasarle un email con el proyecto solo faltaba ir a comprar unas deliciosas costillas para la cena y las siempre agradecidas magdalenas para el desayuno y la ruta.
Empezamos con ilusión pero también con la incertidumbre de no saber qué nos íbamos a encontrar, pero todas nuestras dudas se fueron disipando según nos adentrábamos en territorio desconocido. No faltó la bici al hombro ni el tener que rectificar nuestro rumbo. Charcos y riachuelos nos acompañaron durante un buen rato para dar paso a saltamontes y gaviotas. El Morro Pajonales siempre presente nos sirve de referencia.
Pues un día lo subí por un lado y lo bajé por el otro. Como iba solo no hay fotos de acción, pero creo que el paisaje vale la pena.
Por este camino se sube hasta la cima.
Esta es la vertiente con la bajada con la pendiente más radical. ¡Hay momentos en que es empinadísimo!
Esta foto es casi de regalo porque no está en la zona aunque sí a unos poco kilómetros. Este camino lo tuve que dejar a medias durante una exploración porque había una auténtica jauría de perros sueltos nada amistosos en una finca un poco más adelante. ¡Tendré que volver con refuerzos para terminar de conocer este estupendo camino!