Tuve que esperar a que amaneciera para poder empezar la ruta. Esto no fue problema ya que tome café con los paisanos en el bar del pueblo. Allí me contaron del “agua serenita” caída días atrás y también del fuerte viento que azoto esta zona de la isla.
La carretera estaba húmeda, las luces empezaban a asomar y la temperatura era mucho mas agradable de lo que me esperaba a estas alturas.
Poco a poco se va cogiendo calor. La tierra resbala y hay que controlar para no perder tracción en algunas zonas.
El bosque va dando paso a praderías y estas de nuevo al bosque. De la arcilla se pasa al picón. El Montañón Negro me espera y un bocata también…






Me molestó parar aquí, pero esta foto había que hacerla!

Ya en el Montañón negro. Solo había que subirlo y creanme, se disfruta mucho mas bajándolo.

Momento bocata. La soledad, cuando es uno quien la elige no tiene precio.


¡Vaya caminazo!

Increíble visión...es que tan temprano y con la atmósfera tan clara...










